Durante su presentación como cabeza de cartel en el festival de música Coachella el pasado sábado, Justin Bieber utilizó una MacBook y YouTube para interpretar fragmentos de algunos de sus éxitos más antiguos.
La actuación, que formaría parte de un acuerdo valorado en unos 10 millones de dólares, mostró al cantante buscando temas como "Baby" y "Never Say Never" en tiempo real a través de las pantallas gigantes del escenario.
Tras su presentación, el Daily Mail sugirió que las versiones abreviadas de sus canciones se debieron a la venta del catálogo musical de Bieber a Recognition Music Group en 2022. El medio especuló que dicho acuerdo le impedía interpretar las versiones completas de sus temas clásicos.
La realidad de los derechos de ejecución
Expertos legales aseguran que la teoría sobre la venta del catálogo es fácticamente incorrecta.
"El Daily Mail se equivoca en eso", afirmó Daniel J. Schacht, abogado especializado en propiedad intelectual, música y entretenimiento. "La venta de su catálogo musical no impidió que Bieber interpretara sus canciones".
James Grimmelmann, profesor de derecho digital y de la información en Cornell Tech, añadió que las especulaciones parten de un malentendido fundamental sobre las licencias musicales.
"Así no es como funciona", señaló Grimmelmann. "Nada de esto funciona de esa manera".
Si bien la venta transfirió los derechos de edición y las grabaciones maestras a Recognition Music Group, los derechos de ejecución pública de las canciones se gestionan de forma distinta.
Estos derechos de ejecución pública son administrados por las entidades de gestión de derechos (PRO, por sus siglas en inglés). Los recintos de gran escala, como Coachella, suscriben acuerdos generales con estas organizaciones para licenciar repertorios completos, lo que permite a los artistas interpretar sus éxitos de manera legal.