Las investigadoras Emily M. Bender y Decca Muldowney aconsejan a los pacientes rechazar el uso de sistemas de «transcripción automática» durante sus citas médicas, según informa el boletín Buttondown.
Estas herramientas utilizan grabaciones de audio de las consultas para generar borradores de notas médicas en los expedientes electrónicos. Aunque los proveedores comercializan este software como una solución para reducir la carga administrativa, las autoras sugieren que la tecnología conlleva riesgos ocultos para la atención al paciente.
En un relato reciente, Bender señaló que un fisioterapeuta solicitó permiso para probar un sistema de transcripción automática. Las autoras observaron que este tipo de herramientas están apareciendo en diversos entornos, desde pequeñas clínicas privadas hasta grandes conglomerados sanitarios como Kaiser.
Riesgos para la privacidad y la atención médica
El informe identifica varios fallos críticos en la implementación de la transcripción mediante IA. Una de las principales preocupaciones es la privacidad, ya que estos sistemas dependen de software de terceros para procesar audios y transcripciones sensibles. Las autoras advierten que, incluso si las grabaciones se eliminan rápidamente, los proveedores de software podrían carecer de protocolos de seguridad lo suficientemente robustos.
El consentimiento informado también sigue siendo un problema de gran envergadura. Las autoras cuestionan si se está informando adecuadamente a los pacientes sobre cómo sus datos podrían utilizarse para el entrenamiento futuro de «médicos de IA» o para procesos de control de calidad.
Más allá de la seguridad de los datos, la tecnología podría alterar fundamentalmente la relación médico-paciente. El informe señala que los médicos que utilizan estos sistemas suelen adoptar un registro técnico de «médico a médico» para asegurar que el software capture detalles específicos. Este hábito puede confundir a los intérpretes médicos y distanciar a los pacientes.
El sesgo de automatización representa otro peligro. Las autoras argumentan que a los médicos les puede resultar difícil verificar la exactitud de una nota generada automáticamente, especialmente cuando es difícil detectar qué información falta en el borrador. Este riesgo de error fue ilustrado recientemente por un fallo en el drama televisivoThe Pitt, donde una herramienta de transcripción por IA comprometió el bienestar de un paciente.
Por último, las autoras sostienen que la promesa de eficiencia es engañosa. Sugieren que, en lugar de permitir que los médicos dediquen más tiempo a sus pacientes, es probable que estas herramientas se utilicen para aumentar el volumen de consultas en un sistema sanitario con falta de recursos.
Como escribió Aliaa Bakarat en Stat News, «la redacción de las notas clínicas... es parte de la atención». Las autoras concluyen que omitir el proceso reflexivo de la toma de notas manual degrada la calidad de la atención médica con el paso del tiempo.