Una severa tormenta invernal que azotó amplias zonas de Estados Unidos ha resultado en la muerte de al menos 70 personas, según reportes recientes. El fenómeno meteorológico trajo consigo nieve intensa, hielo y temperaturas gélidas, provocando fallos generalizados en la infraestructura energética y el transporte.
El impacto más grave se ha concentrado en estados como Tennessee y Misisipi, donde aproximadamente 332.000 clientes permanecen sin servicio eléctrico. En Nashville, más de 100.000 consumidores se encuentran a oscuras, mientras que las empresas energéticas advierten que las reparaciones de líneas caídas podrían extenderse hasta el fin de semana o más, de acuerdo con Brent Baker, vicepresidente del servicio eléctrico local.
En los condados de Hardin, Tennessee, y Alcorn, Misisipi, la situación ha escalado a una crisis humanitaria localizada. El director de emergencias del condado de Hardin, LaRay Sliger, señaló que los residentes aislados por árboles caídos y carreteras heladas están agotando suministros esenciales como propano, leña y combustible.
Las autoridades de Alcorn han recibido más de 2.000 llamadas de auxilio, y cerca de 200 personas fueron reubicadas en refugios habilitados, según informó el director de servicios de emergencia, Evan Gibbs. La Guardia Nacional fue desplegada en Misisipi para asistir en la limpieza de interestatales bloqueadas, subrayando la magnitud de la interrupción logística.
Las carreteras se convirtieron en estacionamientos improvisados; miles de conductores quedaron varados, lo que generó esfuerzos de ayuda comunitaria. En Red Bank, se solicitó a propietarios de vehículos todoterreno que distribuyeran agua, mantas y gasolina a los camioneros y automovilistas atrapados en las autopistas congestionadas.
Los pronósticos meteorológicos indican que el clima ártico persistirá, con una nueva ola de aire frío esperada para este fin de semana, amenazando con fuertes nevadas en las Carolinas y Virginia. Las temperaturas mínimas pronosticadas en varias regiones se mantendrán peligrosamente bajas, aumentando el riesgo para quienes carecen de calefacción.
Este evento subraya la vulnerabilidad de la infraestructura energética estadounidense a fenómenos climáticos extremos, un riesgo que se intensifica con las proyecciones climáticas globales. La coordinación entre agencias federales y locales será crucial para mitigar el impacto de las próximas masas de aire polar.