Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán se han agudizado tras el despliegue de fuerzas navales estadounidenses en el mar Arábigo, a pesar de los esfuerzos regionales por evitar un conflicto militar abierto. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que el tiempo se agota para que Irán retome las conversaciones sobre su programa nuclear, señalando que las fuerzas desplegadas superaban las enviadas previamente a Venezuela.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, revirtió las amenazas, declarando que el ejército de su nación está preparado para responder de forma inmediata y contundente a cualquier nueva agresión. Esta escalada se produce siete meses después de que bombarderos estadounidenses atacaran instalaciones nucleares iraníes durante la guerra de doce días entre Irán e Israel el año pasado.
El núcleo del conflicto sigue centrado en el programa nuclear iraní, que Estados Unidos y sus aliados occidentales perciben como una amenaza potencial para el desarrollo de armas atómicas. Bajo el acuerdo JCPOA de la administración Obama, Irán limitó el enriquecimiento de uranio al 3.67%, pero desde que EE. UU. se retiró en 2018, Teherán ha incrementado el enriquecimiento hasta el 60%.
Expertos señalan que la presión económica ejercida por las sanciones estadounidenses, reimplantadas y endurecidas por Trump en su segundo mandato, ha devastado la clase media iraní y ha reducido drásticamente los ingresos por exportaciones de petróleo. Según Christopher Featherstone, de la Universidad de York, existe un cabildeo persistente en Washington que considera la capacidad nuclear iraní como una amenaza significativa para la seguridad global.
Las fuerzas militares iraníes mantienen capacidades disuasorias significativas, incluyendo misiles balísticos y de crucero con alcances de hasta 2,500 kilómetros, capaces de alcanzar bases militares estadounidenses y territorio israelí. A pesar de las pérdidas recientes en su "eje de resistencia" regional, como la caída del régimen sirio de Bashar al-Assad, estos grupos armados siguen activos.
Irán exige el levantamiento de las sanciones económicas como condición previa para cualquier negociación significativa, argumentando que sus misiles son necesarios para la defensa regional. Teherán insiste en que su programa nuclear es de naturaleza civil, aunque el enriquecimiento al 60% genera preocupación internacional, dado que el uranio de grado armamentístico se considera al 90%.
Mientras Qatar lidera los esfuerzos diplomáticos y naciones como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han declinado apoyar ataques aéreos desde su espacio aéreo, la presencia militar de EE. UU. continúa aumentando. Featherstone indicó que se requerirá un esfuerzo diplomático monumental para lograr cualquier negociación sustancial, dada la desconfianza generada por la retirada previa de EE. UU. del acuerdo nuclear.