La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) anunció recortes drásticos en su personal y operaciones en Gaza, forzada por un déficit presupuestario de aproximadamente $220 millones para el año 2026. Estas medidas incluyen la terminación de contratos para unos 600 empleados basados fuera del enclave y una reducción salarial del 20% para el personal local, según comunicó el Comisionado General Philippe Lazzarini.
Las reducciones afectan la capacidad operativa de la agencia para sostener programas humanitarios vitales, incluyendo la distribución de alimentos y servicios básicos a la población refugiada, que constituye cerca del 70% de Gaza. Mustafa al-Ghoul, líder del sindicato de personal en Gaza, cuestionó por qué las medidas de austeridad se concentran desproporcionadamente en la Franja, ya devastada por el conflicto.
El panorama financiero se ha deteriorado tras la congelación de fondos por parte de varios estados donantes, luego de que Israel presentara alegaciones contra empleados de la agencia, las cuales UNRWA ha negado vehementemente. La agencia sostiene que toma medidas disciplinarias si se comprueba alguna falta, pero el flujo de donaciones internacionales, tradicionalmente la base de su presupuesto, ha disminuido significativamente.
Paralelamente, la operación de UNRWA enfrenta una escalada de presiones políticas y físicas por parte de Israel, que acusa a la agencia de complicidad con grupos armados palestinos sin presentar pruebas verificables. Recientemente, Israel demolió parcialmente la sede de UNRWA en Jerusalén Este, un acto que el Secretario General de la ONU, António Guterres, advirtió que podría llevar a Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Estas restricciones operacionales se suman a los obstáculos logísticos impuestos al acceso de ayuda humanitaria en Gaza, lo que, según el Comisionado Lazzarini, equivale a utilizar los suministros como una herramienta política para exacerbar el sufrimiento civil. La interrupción de los servicios de UNRWA, que provee educación y salud, elimina un pilar fundamental de la estabilidad social en el territorio.
El impacto humano es inmediato, afectando a personal que, en muchos casos, se encuentra desplazado o herido debido a los ataques. Empleados despedidos, como aquellos que fueron colocados en licencia excepcional fuera de Gaza, enfrentan la pérdida de ingresos sin previo aviso, agravando su situación de vulnerabilidad mientras buscan tratamiento médico o se reagrupan familiarmente.
La reducción de la asistencia de UNRWA amplifica la crisis de seguridad alimentaria y sanitaria en Gaza, donde la infraestructura civil ya está gravemente comprometida. Amjad Shawa, director de la Red Palestina de ONG, enfatizó que la agencia representa la columna vertebral del trabajo humanitario y el mantenimiento de la causa del refugiado en el territorio.
Las implicaciones a mediano plazo sugieren una mayor dependencia de mecanismos de ayuda menos estructurados y un debilitamiento de la capacidad institucional para gestionar la crisis de refugiados a largo plazo. La comunidad internacional observa cómo la restricción financiera y las acciones israelíes convergen para erosionar una entidad clave de la arquitectura humanitaria de la ONU en la región.