El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró recientemente en Iowa que Cuba se encuentra al borde del colapso económico, citando la interrupción del suministro energético venezolano como un factor determinante. Esta predicción se produce en un contexto de renovada presión estadounidense sobre el gobierno cubano, que ha enfrentado un embargo por más de seis décadas.
La reciente detención del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, mencionada por Trump como prueba de la vulnerabilidad cubana, subraya la creciente tensión geopolítica en la región. La Casa Blanca vincula directamente el apoyo petrolero venezolano con la supervivencia económica de La Habana, sugiriendo que su cese precipitará la caída.
Analistas señalan que, ante esta coyuntura, se esperaría una respuesta robusta de los aliados de Cuba, particularmente de naciones latinoamericanas autodeclaradas solidarias. Sin embargo, las acciones concretas han sido limitadas, generando preocupación sobre la efectividad de dicha solidaridad regional.
El gobierno mexicano, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, ha sido objeto de escrutinio tras reportes de la suspensión de envíos de petróleo a Cuba debido a presiones externas. Sheinbaum ha calificado las decisiones de suministro como "soberanas", mientras reitera el apoyo histórico de México por razones humanitarias ante el embargo estadounidense.
Fuentes indican que la escasez de bienes básicos en Cuba, observada incluso en 2022, evidencia la fragilidad del sistema ante la presión externa constante. La dependencia de ayuda externa, como el petróleo venezolano, se vuelve crítica cuando la resiliencia interna se ve mermada por las sanciones.
Aunque potencias como China han emitido declaraciones públicas exigiendo el levantamiento de las sanciones y prometiendo asistencia continua, la magnitud del desafío requiere acciones más sustanciales. China reafirmó su fe en el liderazgo cubano para superar las dificultades actuales, según comunicados del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Si Cuba experimenta un colapso económico inducido externamente, los expertos advierten que esto podría sentar un precedente peligroso para otros estados soberanos frente a la coerción imperial. La resiliencia cubana de casi siete décadas es puesta a prueba, y la comunidad internacional observa si las promesas de apoyo se traducirán en medidas efectivas para evitar un cambio de régimen.
El desenlace de esta situación es visto como un barómetro de la capacidad del Sur Global para defender sus intereses y soberanía frente a las políticas de presión de las superpotencias. La inacción o la retórica vacía de los supuestos aliados podrían ser interpretadas como una contribución indirecta al fracaso de la isla.