Un ingeniero de redes domésticas se enfrentó a una paradoja de conectividad: su conexión a internet solo era funcional cuando llovía, un suceso que desafiaba la lógica de las transmisiones inalámbricas. Este problema surgió hace más de diez años, cuando el autor regresó a casa de sus padres durante un receso universitario y notó una pérdida de paquetes cercana al 98% en la red.
El padre del autor, un ingeniero con experiencia en sistemas complejos como enlaces microondas punto a punto, confirmó la extraña correlación, lo que motivó al autor a investigar a fondo el fallo. La conexión se volvía inutilizable tan pronto como escampaba, y la pérdida de paquetes caía a cero en los cinco minutos posteriores al inicio de la lluvia, según reportó el autor en su blog predr.ag.
La configuración doméstica utilizaba un puente wifi de alta ganancia y línea de visión, establecido años antes para enlazar la oficina del padre, que tenía una conexión comercial superior, con el apartamento familiar. Este sistema, que había operado sin fallos durante casi una década, mostraba una pérdida de paquetes del 90% al intentar comunicarse con el equipo receptor del puente.
Tras descartar fallos en los equipos locales y reiniciar el hardware sin éxito, el autor comenzó una inspección física, escalando a la antena instalada en el segundo piso del apartamento. La investigación reveló que un árbol del patio del vecino había crecido significativamente con el tiempo, obstruyendo la trayectoria de la señal entre los dos puntos del enlace wifi.
El mecanismo detrás del fenómeno se centró en la física de la obstrucción. Cuando llovía, el agua se acumulaba en las hojas y ramas superiores del árbol, añadiendo peso suficiente para doblarlas y sacarlas temporalmente de la línea de visión directa entre las antenas. Al cesar la lluvia, el agua goteaba y el árbol recuperaba lentamente su posición vertical en unos quince minutos, restaurando la interferencia.
Este caso ilustra cómo las obstrucciones físicas afectan la zona de Fresnel, crucial para la calidad de la señal punto a punto, a pesar de que el equipo moderno utiliza códigos de corrección de errores. La solución definitiva no fue esperar el clima, sino actualizar el hardware obsoleto de 802.11g a dispositivos 802.11n, que ofrecían mayor resistencia a las interferencias.
La anécdota subraya la importancia de mantener la infraestructura física de las redes inalámbricas, incluso en sistemas que parecen estables. El incidente demuestra que las interferencias pueden manifestarse de maneras inesperadas, requiriendo diagnóstico físico y conocimiento de propagación de radiofrecuencia para su resolución.