Un aumento masivo en la construcción de centros de datos en Estados Unidos está impidiendo el cierre de plantas de carbón envejecidas y acelerando la expansión de la infraestructura de gas natural, según una nueva investigación realizada por varias organizaciones ambientales sin fines de lucro.
Los informes publicados por US PIRG Education Fund, Environment America Research & Policy Center y Frontier Group indican que la demanda de energía —impulsada principalmente por la inteligencia artificial y las cargas de trabajo de computación de alta intensidad— está ralentizando la transición hacia una red eléctrica más limpia.
Tal como informó The Register, las necesidades energéticas de estas instalaciones han disparado la demanda de electricidad tras años de un crecimiento relativamente plano. Este cambio está obligando a las empresas de servicios públicos a mantener operativos generadores que queman combustibles fósiles para evitar el desabastecimiento de energía.
En Omaha, por ejemplo, directivos de la compañía eléctrica determinaron que el desmantelamiento de los generadores de carbón en la planta de North Omaha supondría un riesgo de escasez de energía local debido al aumento de la demanda de los granjas de servidores cercanas.
Auge de la capacidad de gas
El documento de investigación titulado 'Energy Transition at Risk' (Transición energética en riesgo) utiliza datos de la Administración de Información Energética de EE. UU. para mostrar una ralentización significativa en el retiro de plantas de carbón. Aproximadamente el 40 % de los cierres de plantas de carbón o los cambios de combustible programados para finales de 2025 aún no se han llevado a cabo.
El informe señala que, si el retiro de carbón hubiera continuado al ritmo de 2022, todas las plantas programadas habrían cerrado para 2040. Bajo las tendencias actuales, se espera que estas plantas permanezcan en funcionamiento hasta 2065.
Simultáneamente, la capacidad de gas natural está experimentando una entrada masiva. Para diciembre de 2025, mientras que se prevé el retiro de 13,2 GW de capacidad de generadores de gas para 2030, se añadirán a la red una asombrosa cifra de 41,8 GW de nuevas plantas de gas.
Dado que la nueva infraestructura de gas suele tener una vida útil de entre 30 y 40 años, los informes sugieren que Estados Unidos está comprometiendo décadas de dependencia de los combustibles fósiles, incluso mientras crece la energía renovable.
Más allá de la red eléctrica, los informes destacan un aumento de la generación de energía in situ en complejos de centros de datos que no han podido asegurar conexiones inmediatas a la red. Esta tendencia contribuye a un segundo problema detallado en el estudio 'Fossil fuel power plants are staying online longer - that means dirtier air' (Las plantas de combustibles fósiles permanecen operativas más tiempo, lo que significa un aire más contaminado).
El estudio identifica 15 'plantas de energía zombis' que se mantienen operativas más allá de sus fechas de retiro previstas. Estas instalaciones liberaron casi 65 millones de toneladas métricas de emisiones de gases de efecto invernadero en 2023, una cifra que supera las emisiones netas totales de Massachusetts en 2022.
Estas operaciones prolongadas están vinculadas al aumento de los niveles de dióxido de azufre (SO2) y óxidos de nitrógeno (NOx). Estos contaminantes contribuyen a la presencia de partículas finas y ozono a nivel del suelo, lo que representa una amenaza directa para la salud humana.