El ambicioso plan del gobierno estadounidense para impulsar la construcción de centros de datos de inteligencia artificial se enfrenta a un grave cuello de botella en la cadena de suministro. Según un reciente informe de Bloomberg, la escasez crítica de infraestructura eléctrica esencial —como transformadores, equipos de conmutación y baterías— obligará a posponer o cancelar casi la mitad de los proyectos de centros de datos previstos para este año en el país.
Trump había posicionado la construcción de estos centros como una estrategia fundamental para asegurar la ventaja de Estados Unidos frente a China en el ámbito de la IA. Sin embargo, su agresiva política arancelaria se ha convertido en el mayor obstáculo para sus propios planes. Históricamente, los centros de datos estadounidenses han dependido de la importación de estos equipos desde China, pero las barreras comerciales han disparado los costes y prolongado considerablemente los plazos de entrega.
Desequilibrio entre oferta y demanda y crisis de capacidad
Los datos indican que, antes de 2020, el plazo de entrega de estos equipos eléctricos era de entre 24 y 30 meses; hoy, esa espera se ha extendido hasta los cinco años. Analistas de la firma de inteligencia de mercado Sightline Climate señalan que, de los centros de datos de IA a gran escala cuya entrada en funcionamiento estaba prevista para 2026, solo un tercio se encuentra actualmente en fase de construcción.
Aunque el gobierno de Trump aboga por la fabricación nacional para reducir la dependencia de proveedores extranjeros, la realidad es poco alentadora. Bloomberg cita datos del sector que confirman que la capacidad de producción local de Estados Unidos es totalmente insuficiente para satisfacer la creciente demanda del mercado. Ante la urgencia de cumplir con los plazos, muchas empresas prefieren asumir los costes arancelarios y los riesgos de seguridad nacional antes que renunciar a obtener este hardware vital proveniente de China.
En marzo de este año, Trump instó a las empresas tecnológicas a que se encargaran de "construir, importar o adquirir" la energía necesaria para sus centros de datos, sin abordar la realidad de la escasez de infraestructura. Para los desarrolladores encargados de estas obras, la directriz es prácticamente inaplicable. Como señalan expertos del sector: "Independientemente de dónde provenga la energía, sin los transformadores y los cuadros eléctricos necesarios para conectarla a la red, los centros de datos no son más que cascarones vacíos".