La batalla regulatoria de la IA que definirá el futuro tecnológico
Estados Unidos enfrenta una guerra legal sobre la regulación de IA entre el gobierno federal y los estados. Las decisiones de 2026 moldearán el desarrollo global de la tecnología.
The AI Regulation Wars: States vs. Federal Power in 2026
El futuro de la inteligencia artificial no se decidirá únicamente en los laboratorios de Silicon Valley, sino en los tribunales y capitales estatales de Estados Unidos. La batalla regulatoria que se avecina en 2026 promete redefinir cómo se desarrolla y despliega la tecnología más disruptiva de nuestra era.En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que busca limitar la capacidad de los estados para regular la industria de IA, prometiendo establecer una política nacional "mínimamente restrictiva" que posicione a Estados Unidos como líder en la carrera global de inteligencia artificial. Esta decisión marca una victoria parcial para los gigantes tecnológicos, que han invertido millones en cabildeo contra las regulaciones estatales.Sin embargo, varios estados democráticos no se inmutan ante esta presión federal. Nueva York aprobó la Ley RAISE (Responsible AI Safety and Education), exigiendo que las empresas de IA publiquen protocolos de seguridad y reporten incidentes críticos. California implementó SB 53, la primera ley de seguridad de IA fronteriza del país, diseñada para prevenir daños catastróficos como armas biológicas o ciberataques masivos."La administración Trump se está extendiendo demasiado con sus intentos de anular efectivamente la legislación estatal vía acción ejecutiva", explica Margot Kaminski, profesora de derecho en la Universidad de Colorado. "Está en terreno inestable".El campo de batalla se está expandiendo más allá de las consideraciones técnicas tradicionales. Los casos recientes contra Character.AI, donde familias demandaron después de que adolescentes se suicidaran tras interactuar con chatbots, ilustran los riesgos emergentes que los reguladores intentan abordar. Google y Character Technologies llegaron a acuerdos extrajudiciales, pero OpenAI y Meta enfrentan demandas similares.La protección infantil emerge como un raro punto de consenso bipartidista. OpenAI, anteriormente opuesto a la regulación, ahora respalda la Ley de IA Segura para Padres e Hijos en California, que requeriría verificación de edad, controles parentales y auditorías independientes de seguridad infantil.Paralelamente, los centros de datos—la infraestructura física que alimenta la IA—enfrentan creciente escrutinio. Estados consideran leyes que requieran reportar el uso de agua y energía, mientras grupos laborales exploran prohibiciones de IA en profesiones específicas si el desplazamiento laboral se acelera.La financiación política intensifica el conflicto. Leading the Future, un super PAC respaldado por el presidente de OpenAI Greg Brockman y Andreessen Horowitz, busca elegir candidatos que favorezcan el desarrollo sin restricciones. En respuesta, super PACs financiados por Public First apoyan candidatos pro-regulación, siguiendo el modelo exitoso de la industria cripto.James Grimmelmann de Cornell Law School anticipa que la orden ejecutiva de Trump se enfocará en "un número menor de disposiciones, principalmente relacionadas con transparencia y sesgo en IA, que tienden a ser temas más liberales".La paradoja es evidente: los estados democráticos que Trump quiere controlar—con grandes presupuestos y motivados por la oposición—pueden ser los menos propensos a ceder. Mientras tanto, estados republicanos rurales podrían retroceder para evitar perder financiamiento federal de banda ancha.Con el Congreso paralizado y polarizado, los estados permanecen como los únicos actores capaces de regular la industria de IA. En 2025, legisladores estatales introdujeron más de 1,000 proyectos de ley de IA, con casi 40 estados promulgando más de 100 leyes, según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales.Las reglas escritas en las capitales estatales estadounidenses podrían determinar cómo se desarrolla la tecnología más disruptiva de nuestra generación, no solo dentro de las fronteras estadounidenses, sino globalmente durante los próximos años. El proceso lento y desordenado de la democracia americana continuará, pero sus resultados resonarán mucho más allá de sus fronteras.Fuente: MIT Technology Review