El reciente registro federal en la casa de la reportera del Washington Post, Hannah Natanson, ha puesto de relieve una preocupación técnica y legal sobre la seguridad de los dispositivos móviles. La orden de registro incluía una sección titulada “Desbloqueo biométrico” que autorizaba al personal policial a sostener el dispositivo frente al rostro de Natanson o usar sus dedos para forzar el acceso. Este permiso judicial para eludir los métodos de autenticación rápida, como el reconocimiento facial o de huellas dactilares, sirve como una advertencia para todos los usuarios de teléfonos inteligentes.
La investigación se relaciona con presuntas comunicaciones entre Natanson y un contratista del gobierno, Aurelio Luis Perez-Lugones, quien enfrenta cargos por retención ilícita de información de defensa nacional. Aunque no está claro si se intentó o se utilizó la biometría para acceder a los dispositivos de Natanson, la inclusión de esta autorización en la orden es significativa. El FBI declinó hacer comentarios sobre el incidente, y Natanson no ha sido acusada formalmente de ningún delito.
La orden judicial contenía estipulaciones específicas que limitaban a los investigadores; por ejemplo, no estaban autorizados a preguntar a Natanson qué tipo de autenticación biométrica utilizaba o qué dedo específico empleaba. Andrew Crocker, director de litigios de vigilancia en la Electronic Frontier Foundation (EFF), señaló que esta limitación probablemente refleja jurisprudencia reciente. El Circuito de D.C. determinó el año pasado que el desbloqueo biométrico forzado podría constituir una forma de “testimonio” protegido por la Quinta Enmienda.
Crocker indicó a The Intercept que la EFF desearía que los tribunales consideraran los bloqueos biométricos equivalentes a la protección por contraseña desde una perspectiva constitucional. El derecho contra la autoincriminación no debería depender de la conveniencia técnica del método de seguridad implementado por el usuario. Este precedente legal sugiere una posible erosión de la protección que antes se asumía sobre los datos biométricos.
Activistas y profesionales del periodismo han advertido durante mucho tiempo sobre la necesidad de desactivar la autenticación biométrica en situaciones de alto riesgo, como cruces fronterizos o protestas. Martin Shelton, de la Freedom of the Press Foundation, aconseja a los periodistas desactivar la biometría si anticipan un posible registro de sus dispositivos. El uso de una clave alfanumérica robusta ofrece una capa de protección superior frente a la coerción física.
La alternativa más segura, según los expertos en seguridad digital, es emplear una clave de acceso alfanumérica compleja, ya que las contraseñas basadas únicamente en números son más fáciles de descifrar. Además, apagar completamente el teléfono antes de dormir lo sitúa en un estado cifrado hasta el próximo desbloqueo, una medida de seguridad adicional contra registros inesperados.
Este incidente destaca la tensión continua entre la conveniencia de la tecnología biométrica moderna y los derechos constitucionales frente a la aplicación de la ley. A medida que los dispositivos se vuelven más integrales en la vida personal y profesional, la forma en que se protegen se convierte en un punto focal crítico para la privacidad y la libertad de prensa.